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Martina Rozenberg Smira

Cuando no estoy en mi taller, lo más probable es que me encuentres sobre la silla de montar. El pelo recogido en una coleta, las manos un poco llenas de polvo. Compito en reining, una disciplina de monta western, represento a la República Checa y mido el mundo por la respiración del caballo bajo mis piernas y el silencio antes de la salida.

En el taller, en cambio, tengo entre las manos metales, cera y piedras preciosas. Dos mundos que a primera vista no tienen mucho en común. Y, sin embargo, lo tienen. En los dos se trata de estar plenamente presente. De fijarse en el detalle. De sentir la energía del momento. Por eso los caballos y las joyas me parecen tan parecidos, y por eso no quiero separarlos.

Mi camino hacia la joyería fue muy sinuoso, y nunca habría pensado que precisamente esto acabaría llenándome tanto.

Un día, mi madre encontró una cajita vieja con las cuentas que coleccionaba de pequeña. Por nostalgia hice unas cuantas pulseras. Y de esas pulseras nació la idea de ayudar. Durante los dos primeros años doné todo lo recaudado con las ventas al hospicio móvil Ondrášek. Entonces no tenía ni idea de que ahí estaba naciendo una marca.

Gracias a vuestro apoyo, a lo largo de los años hemos recaudado casi 20.000 € para apoyar la atención a niños y adultos que pueden pasar sus últimos días en casa, rodeados de sus seres queridos. Para mí fue el momento en que entendí de verdad que una joya puede ser mucho más que un adorno. Puede ser un puente. Puede tener un significado. Por eso, hoy una de mis colecciones sigue dedicada al hospicio.

Creo entre Praga y Barcelona. Dos hogares, dos energías, una misma firma.

Praga me da profundidad, historia y la calma de mi taller con vistas a una terraza sobre una antigua cervecería monástica, donde escucho las risas de la gente que hay debajo. Barcelona me da luz, mar, materiales en bruto y un taller donde se trabaja con unas manos que no tienen miedo de mancharse. Cuando necesito volver a respirar inspiración, me escapo al Montseny, a un paso de Barcelona. Es un lugar que me recuerda muchísimo a las montañas checas y que siempre me devuelve a mí misma.

Mi estética es orgánica y atemporal. Me encanta la textura de las piedras pulidas por el mar, la pátina de los objetos antiguos y la simbología histórica checa. Trabajo con plata, oro, acero quirúrgico y perlas de agua dulce. Combino la antigua técnica de la cera perdida con herramientas modernas. Para mí, la tradición son las raíces y la innovación, las alas.

Hoy en día hay muchísimas joyas que se parecen entre sí. Yo quería crear una marca diferente. Una que ofrezca piezas asequibles para la alegría de cada día y también talismanes personales con una historia más profunda. Joyas que se pueden combinar, superponer y llevar durante años. Joyas que envejecen contigo con elegancia.